
Álvaro Araiza descubrió en su infancia que el agua no solo fluye: enseña, transforma y conecta. A lo largo de su carrera como ingeniero hidráulico ha perfeccionado el arte de dirigirla con precisión y propósito
Por Christopher García
Desde pequeño, la curiosidad de Álvaro Araiza parecía tener caudal propio. Mientras otros niños jugaban con bloques o muñecos, él desarmaba los calentadores de agua que sus padres comercializaban en los primeros años de Calentadores Nacionales, acaso preguntándose qué secretos guardaban.
“Había unos que tienen unos pilotos muy grandes, y los desarmaba y se los quitaba para hacer las pistolitas”, recuerda sonriendo, en entrevista, el actual director de la empresa que fundaran sus padres hace más de 50 años. “Luego le llamaban a mi papá para decirle que uno de los calentadores que se habían llevado no traía piloto y pues terminaban dando con mis juguetes”.
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Esa curiosidad temprana no solo marcó el inicio de su fascinación por la hidráulica, sino que se convirtió en la brújula que guiaría su vida profesional. Además de estudiar ingeniería Industrial, Administración y una Maestría en el IPADE, su formación la complementó cada verano en las plantas de fabricación de los fundadores de la industria de calentadores de agua mexicanos.
“Todas las vacaciones me iba a chambear con el ingeniero Enrique Ángel, que era el dueño, en aquel entonces, de Industrias Mass. Ahí yo hice desde cero, con las manos, los calentadores. Era echar paladas a las revolvedoras y sacar los moldes; hacer los intercambiadores de calor, pintar los calentadores”.
Experiencias similares vivió con Isidro López, de Cinsa, en Saltillo; con el ingeniero Alberto de Labastida, de Calorex; con el ingeniero Benjamín Levín, dueño de HESA, cuyo abuelo inventara los calentadores de paso.
“Toda la gente a la que tuve acceso, que me acogieron para enseñarme cómo trabajaba, pues fueron los amos y señores de la industria. Es como si me dedicara a instalar carros y mis maestros hubieran sido Henry Ford, Karl Benz o Rudolf Diesel”.

Hoy, que recuerda todo ese caudal de conocimiento que le fue legado en su momento y cuyos afluentes ya no están con vida, la misma curiosidad de su infancia lo impulsa a compartir su experiencia con las nuevas generaciones, convencido de que el aprendizaje verdadero comienza con una pregunta.
“Eso es lo que he venido haciendo toda mi vida: preguntarme cómo funcionan las cosas y por qué. Cuando me casé”, recuerda, “hubo un momento en que mi mujer me reclamó y me dijo: ‘ya déjame un calentador, por favor. No importa si es el más feo o el de menos tecnología, déjame uno que funcione’. Y es que yo cada calentador que comenzábamos a vender lo probaba en casa para ver cómo funcionaba y pues a cada rato había que hacer ajustes en las regaderas, que si ya no fue suficiente presión de agua, que éste se apaga si dejas pasar agua fría… entonces, pues ella la sufría. Pero con eso descubrí muchas cosas, porque al final de cuentas no puedes saber cómo trabaja un equipo si no lo vives y si no lo usas”.
Si bien esta forma de pensar parece bastante lógica, el ingeniero Araiza ha notado que es poco común entre quienes se desempeñan en la industria. “He tratado toda mi vida con muchísimos ingenieros y te puedo decir que buenos ingenieros, arquitectos, constructores, de cada 200, uno es consciente de cómo se hacen las cosas”.
Y no se trata de que no sean buenos, explica. “Hay unos que son espectaculares conceptualizadores, pero pésimos constructores; hay otros que son súper diseñadores y muy malos administradores; entonces les va también mal. Pero así el conjunto que sea bueno para construir, que sepa construir, es poco. Y lo mismo con los fontaneros, los electricistas”.
El problema de esta situación, continúa el ingeniero Araiza, es que las personas, en general, que no tienen por qué saber a que se debe que falle el calentador, le piden ayuda al fontanero o al constructor, “porque se supone que él es el experto en la materia. Entonces ya llega ahí el fontanero y dice, sí, claro, vamos a hacerle esto y le vamos a reparar esto de aquí, lo vamos a poner así y se lo instalan. Luego nos hablan por teléfono porque no sirve. Llegamos a revisar la falla y resulta que lo pusieron al revés. A ese nivel. Es increíble”.
Esta falta de conocimiento ha desencadenado una situación más grave, que fue la gota que derramó el vaso y lo hizo decidirse a echar a andar la iniciativa que trae hoy entre manos: la acumulación de gases de combustión en los hogares, que cobra vidas constantemente.
El ingeniero Araiza explica que el gas que se utiliza para calentar agua genera monóxido de carbono cuando se quema y, si la gente lo inhala en cantidad suficiente, puede morir. Eso ocurre con frecuencia en todo el país, porque en muchísimos lugares los calentadores de agua se instalan en espacios con poca o nula ventilación, lo que provoca que los gases de combustión se acumulen y las personas mueran por intoxicación.
“Fallece mucha gente, que no sale en las noticias, que no se ve, pero ahí está. Y los que estamos en el medio, sí nos enteramos. Pero no sale mucho en las noticias”.
MÁS QUE INGENIERÍA: LA MISIÓN DE FORMAR A LOS HIDRÁULICOS DEL MAÑANA
Consciente de esta situación, y de que el conocimiento que ha fluido hacia él debe encauzarse hacia otros ríos, tomó la decisión de enseñar. “De ahí nace Aguas con el Inge. Al principio iba a ser sobre los problemas de monóxido de carbono y de combustión por los que fallece mucha gente. Entonces dije, ¿cómo puedo hacer para que la gente se enseñe a cómo se usa un calentador y qué calentador se utiliza para cada aplicación?”.
Luego de un par de reuniones con su equipo, le dieron forma al proyecto. De estar únicamente enfocado en temas de seguridad por combustión creció para abarcar todo lo relacionado con el agua y las instalaciones hidráulicas. “Porque todo lo que vemos tiene que estar relacionado con el agua. Nuestro core business es básicamente el agua y el confort. Para que te bañes, entra el agua, el gas y el bombeo. Entonces vamos a tocar todos los temas: instalación, tuberías, calentadores, gas, filtración, bombeo y lo que necesite el mercado”.
La situación con la que se ha encontrado es que si bien lo más grave son las muertes por intoxicación, también existen numerosos problemas de funcionamiento, de malas instalaciones o simplemente de mala selección de equipos. Y todo se reduce a desconocimiento.
“Por ejemplo, aquí tenemos tres tipos de calentadores, que son los que más se usan. Un calentador de paso, uno instantáneo y uno automático. Pero dentro de cada uno hay 800 líneas diferentes, uno para cada aplicación, para cada servicio. No obstante, luego me encuentro con calentadores de 6 litros por minuto en casas donde la estufa, que quien pagó la casa no cocina, costó 10 mil dólares, y el calentador con el que diario se baña, toda la vida, ¿costó 2 mil pesos?”
Pero insiste en que no se trata de un tema de dinero, sino de ignorancia, pues las instalaciones hidráulicas suelen representar menos de 10% del total invertido en la construcción de una casa. “Imaginemos esa casa que a lo mejor costó hacerla 10 millones de pesos. Las instalaciones representan técnicamente un 7% u 8% del valor total. Pero entre hacerlas correctas o incorrectas, de es 7% bajas a 6% o quizás se queda igual. O sea, inviertes el mismo tiempo, la misma mano de obra, inviertes lo mismo en poner el tubo correcto que el tubo mal. Y la diferencia es el valor del tubo. Y el valor del tubo, ¡son los cacahuates de la boda! Eso es lo que te vas a quedar de por vida”, advierte.
Con el compromiso de generar contenido semanal, el proyecto se ha convertido en una iniciativa seria y estructurada, al punto de montar un set de grabación propio. Este esfuerzo no solo refleja la determinación de hacerlo “como debe ser”, sino que marca el inicio de una nueva etapa: la producción de podcasts respaldados por un acceso privilegiado a fábricas y proveedores clave dentro del grupo empresarial.

Desde Calentadores Nacionales, visible en el mercado como distribuidora de las marcas más reconocidas, hasta Delta Instalaciones, actor esencial en el ámbito de las instalaciones, el alcance de esta red permite contar historias desde el corazón mismo de la industria. Lo que comenzó como una simple propuesta de contenidos se perfila como un canal potente para compartir conocimiento, experiencia y actualidad. Y con cada grabación, se fortalece una narrativa que conecta al consumidor con el valor detrás de cada producto.
En un sector donde cada fábrica alberga un universo de posibilidades, El Inge Álvaro Araiza se encuentra con el privilegio de contar historias desde dentro, con acceso a cada rincón, cada producto y cada proceso. “El grupo de empresas al que pertenecemos ha recorrido un camino evolutivo: desde la venta e instalación de calentadores, hasta proyectos hidráulicos de gran escala, como los desarrollados en Delta”.
Esta trayectoria, tejida con conocimiento técnico y experiencias cotidianas, refleja una transformación que no solo sigue el curso de los avances en gas y electricidad, sino que fluye, como el agua, por cada necesidad que emerge en la vida diaria.
El contenido que se proponen crear —videos, podcasts, publicaciones para distintas plataformas y redes sociales— no busca solo informar: pretende conectar con el origen, con ese valor humano que a veces se pierde entre planos y tuberías. Porque más allá de la técnica, existe una historia detrás de cada instalación, detrás de cada servicio repetido, detrás de cada cliente que regresa buscando una solución.
A la par de los contenidos generados a través de Aguas con El Inge, Álvaro Araiza y su equipo han montado una academia de entrenamiento en las oficinas centrales de Calentadores Nacionales, con sistemas en operación y de última generación para brindar capacitaciones en vivo a cualquiera que desee aprender sobre el funcionamiento y la instalación correcta de los sistemas hidráulicos.
Registrar este recorrido no es una formalidad para el ingeniero Araiza: es una responsabilidad. Como el agua, su conocimiento debe moverse, compartirse, renovarse. “No queremos que se evapore en la rutina; queremos que nutra y conecte. Este conocimiento es mi legado, porque nos permite hilar toda la historia de todo el problema. Y eso es algo muy valioso que no me quiero llevar a la tumba”.
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