
En la cima del cerro de la Verónica, habitantes de la región todavía ascienden cada mayo y septiembre para pedir lluvia. Mucho antes de la llegada de los europeos, los pueblos otomíes y matlatzincas acudían a ese mismo sitio para encomendar el agua a Opochtli, deidad cercana a Tláloc y protectora de las antiguas Ciénegas de Lerma.
Siglos después, esa relación permanece viva entre los 2 mil 522 habitantes de Huitzizilapan, de acuerdo con el INEG (2020). La diferencia es que hoy las plegarias conviven con una paradoja: aunque la región es atravesada por los sistemas Lerma y Cutzamala, que abastecen a la Ciudad de México y otras zonas metropolitanas, muchas familias y centros educativos enfrentan problemas para acceder al recurso.
Esa situación se vive en la primaria José Guadalupe Victoria, donde el profesor Valeriano Felipe Gallardo imparte clases al grupo de sexto grado. El docente afirmó que en algunos hogares ya comienza a percibirse la escasez del suministro hídrico. «Desde marzo a mayo es cuando más resiente la comunidad la falta del vital líquido», expuso.
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Ante ese escenario, la Unidad Lerma de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), en su labor de vinculación con la sociedad, instaló un dispositivo de captación de lluvia en el plantel, como parte de un programa encabezado por la doctora Abigail Martínez Mendoza, profesora investigadora del Departamento de Procesos Sociales.
La iniciativa, denominada Opochtli, suma cuatro años de labor, periodo en el que ha llegado a inmuebles educativos, localidades y colectivos de al menos cinco municipios mexiquenses. En ella participan estudiantes, egresados y especialistas de distintas áreas de las ciencias sociales, quienes diseñan e instalan los dispositivos, así como impartir talleres dirigidos a niñas, niños y familias.
“Estoy convencida de que cambiamos algunas realidades; quizá no una global, pero sí una realidad local que tiene impacto en la vida cotidiana”, aseguró Martínez Mendoza. Explicó, además, que cada montaje requiere analizar las características del inmueble, pues su diseño depende de factores como la superficie de los techos y las condiciones del espacio disponible. Añadió que, antes de implementarlo en las poblaciones, el equipo somete cada propuesta a procesos de investigación, prueba y validación en la Universidad.
El mecanismo consiste en una red de canaletas y tubería de PVC que recoge la lluvia desde la azotea y la conduce hacia un depósito para su almacenamiento. El líquido puede emplearse en tareas cotidianas del plantel, como los servicios sanitarios y otras labores que no requieren suministro potable.
La doctora Martínez precisó que, con base en los diagnósticos realizados por su grupo de trabajo, esta ecotecnia puede significar un ahorro cercano a los 30 mil pesos anuales en el abastecimiento con pipas.

Agregó que la experiencia acumulada en los cuatro años de labor también permite observar que el volumen recolectado puede cubrir las necesidades de una vivienda hasta por seis meses, dependiendo de la capacidad de almacenamiento y del comportamiento de las lluvias.
En consecuencia, consideró necesario desmitificar los prejuicios que aún existen en torno a estos mecanismos, pues no deben asociarse sólo con territorios en situación de marginación, sino asumirse como una alternativa viable en las grandes urbes para reducir la dependencia de un suministro cada vez más irregular.
Respecto a los talleres, Alejandro Arnulfo Rodríguez, maestrante en Ciencias Sociales de la sede mencionada e integrante de la iniciativa, detalló que las actividades buscan que niñas, niños y sus familias comprendan el origen y funcionamiento de esta infraestructura, además de adquirir los conocimientos necesarios para reproducirlos en sus hogares.
Para ello, el grupo comparte la historia de estas tecnologías y guía a las personas participantes durante el ensamblaje y las pruebas de los dispositivos.
La llegada de la propuesta a Huitzizilapan pone de manifiesto el vínculo que la Universidad mantiene con sus egresados. Gustavo Rivera Domínguez, primer delegado de la comunidad y exalumno de esta Unidad Universitaria, comentó que el contacto surgió de la relación que conservó con la doctora Abigail Martínez Mendoza y su equipo.
“El egresado confía en lo que seguimos haciendo en la Universidad, pero al mismo tiempo la sociedad está confiando en nuestros egresados”, refirió la investigadora al describir la forma en que se construyen estas colaboraciones.
Rivera Domínguez aseguró que su paso por la UAM fortaleció su interés por participar en la vida pública de su localidad. «Algo que enseñan en las aulas es el tema de la vinculación gobierno-sociedad y eso me ayudó mucho como para abrir las puertas de mi localidad y que pudieran llegar más recursos», afirmó.
Esa gestión permitió atender una necesidad que la primaria había manifestado desde tiempo atrás. El delegado recordó que el inmueble cuenta con seis tinacos, insuficientes para abastecer a los cerca de 300 alumnos de los turnos matutino y vespertino.
«No nos quedamos ahí, buscamos estrategias para seguir almacenando, y cuidando el agua, y un claro ejemplo es el que ahora impulsa la Unidad Lerma».
Fuente: Comunicación UAM

