DE PASO

Por Carlos Daniel Ayala

Hace algunos días me encontré con un artículo como parte de un suplemento de una revista especializada en economía; que a la vez de llamar fuertemente mi atención, me generó cierto dejo de sorpresa y algo de terror, todo basado en los números que mostraba: “Cifras del Instituto Mexicano del Seguro Social posicionan al sector (de la construcción) en el cuarto lugar nacional de riesgo, con 783 muertes en cinco años y más de 44 mil incidentes laborales, hasta el año 2024”.


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Y vino a mi mente una vivencia personal, que nos podría ayudar a reconocer uno de los muchos factores que intervienen en la ecuación como parte de esta tragedia.

15 años atrás me gané el fantástico mote de “Bob El Constructor” por parte de unos maestros albañiles. Eso ocurrió la primera vez que llegué muy entusiasmado a realizar mi trabajo como plomero en una obra en construcción, mientras portaba orgulloso mi equipo de protección personal completo: chaleco, casco, guantes, gafas y hasta rodilleras.

Y aunque en aquella época me había propuesto ser ejemplo al fomentar la seguridad en mí y al mismo tiempo influir de manera positiva en las personas a mi alrededor, al final y después de ser parte de ese penosa escena –incitada por personas que realizan su trabajo en la forma más precaria imaginable–, terminé cuestionándome si realmente valía la pena portar toda aquella indumentaria, –clasificada por mis espectadores como un “disfraz”–, y llevándome incluso a pensar si es que acaso eso ayudaría a mejorar en algo el desempeño en mi trabajo y aumentaría el valor de mi servicio, o si era el cuidado de la seguridad una especie de lujo que sólo nos lleva “a perder el tiempo” y los recursos de manera innecesaria.

Y es que la verdad, mi apreciado lector, si de por sí los mexicanos vivimos bajo esa triste y arraigada herencia cultural del “macho-chingón” –presente en casi todos los aspectos de nuestra sociedad–, ahora imaginemos esa postura enormemente potenciada en un ambiente como lo es la industria de la Construcción… Y no, no me refiero a ese sector de la industria que tiene a su propia estructura corporativa; esa bella y educada burbuja con equipos de ingeniería enteramente dedicados a la salud y la seguridad en el trabajo, si no a la rama independiente, la informal: la de la calle.

Sí, esa parte de la industria de la construcción que está ocupada por personas fuertes y rudas que se han hecho a sí mismas y que sólo dependen de su esfuerzo y de su tiempo e ideas para poder producir economía, para ganarse el pan y llevarlo a su mesa como su primer y único fin.

El origen de muchos de los padecimientos que nos aquejan en su mayoría a los plomeros son ocasionados por las acciones repetitivas y recurrentes que realizamos sin tomar en cuenta el factor de la protección personal, ya que las personas que trabajamos en el oficio de la plomería estamos expuestos desde un simple resbalón o una caída, pasando por la inhalación de productos químicos o polvos

Y es que en verdad, en este mundo aparentemente alterno pero real, los cuidados de la seguridad se miran más como una debilidad que como una virtud; el proceso, como un retraso; la herramienta, como un adorno; y sí, los guantes y las gafas, como un disfraz. Si llevamos ese punto a la parte de la industria de la construcción que nos compete, como plomeros la de las instalaciones hidráulicas y sanitarias, nos encontramos con diversas vulnerabilidades en la seguridad, que bajo las mismas dinámicas suelen pasar por alto situaciones que ponen en riesgo nada menos que nuestra salud y por ello nuestra propia forma de subsistencia.

Porque el origen de muchos de los padecimientos que nos aquejan en su mayoría a los plomeros, tanto los considerados de obra como de servicio, son ocasionados por las acciones repetitivas y recurrentes que realizamos sin tomar en cuenta el factor de la protección personal, ya que las personas que trabajamos en el oficio de la plomería estamos expuestos desde un simple resbalón o una caída, pasando por la inhalación de productos químicos o polvos; o la realización de levantamientos de peso de formas inadecuadas. Eso sin contar las malas posturas corporales prolongadas, que en no pocos casos, más temprano que tarde desembocarán en consecuencias por lo menos invalidantes o hasta mortales, situaciones para las cuales no hay partes de repuesto paraque todo vuelva a funcionar.

Como asociación comprometida con las personas, los plomeros y las plomeras APLOMEX, paso a paso y de boca en boca, aportamos información y concientización preventiva para que desde abajo, con nosotros como pequeños actores de la industria, uno a uno nos convirtamos en esos agentes de cambio que nuestro oficio y la sociedad mexicana necesitan.


Carlos Daniel Ayala

Carlos Daniel Ayala es Presidente de la Unión Nacional de Instaladores Hidrosanitarios (AC-APLOMEX) y Presidente de IAPMO Capítulo México.

Contacto: carlos.ayala@aplomex.org


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