
La primavera vuelve más visibles los síntomas de alergias, irritación, fatiga, disconfort térmico y malestares respiratorios. Sin embargo, el verdadero problema no empieza con la temporada, sino con una falla estructural: muchos espacios siguen gestionando el aire interior como si fuera una condición de fondo, cuando en realidad ya impacta salud, continuidad operativa y desempeño cotidiano.
En la actualidad, las personas pasan alrededor del 90% de su tiempo en espacios cerrados y la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos advierte que los contaminantes en interiores pueden alcanzar concentraciones entre dos y cinco veces mayores que en exteriores.
Mientras algunos edificios se vuelven más inteligentes y eficientes, sobre todo aquellos de hospitales, oficinas y hoteles, muchos otros siguen sin responder adecuadamente al manejo del aire interior. Cuando la ventilación, la filtración, la temperatura, la humedad y el control ambiental fallan, el impacto se refleja en mayor fatiga, menor capacidad de concentración, más vulnerabilidad frente a enfermedades respiratorias y condiciones menos adecuadas para trabajar, recuperarse o permanecer durante largos periodos de tiempo.
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En hospitales y clínicas, esa diferencia es crítica. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que, en países de ingresos altos, 7 de cada 100 pacientes hospitalizados contraen al menos una infección asociada a la atención sanitaria durante su estancia; en países de ingresos bajos y medianos, la cifra asciende a 15 de cada 100.
Frente a esto, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) reconoce la calidad ambiental interior como un componente esencial de la seguridad del paciente y de la resiliencia de los sistemas de salud, y señala la importancia de revisar ventilación, filtración, control de humedad y diseño ambiental para identificar contaminantes químicos y microbiológicos relevantes para la salud. Cuando el aire interior falla, también se debilita la capacidad del sistema para reducir riesgos, contener infecciones y sostener operaciones seguras.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que, en países de ingresos altos, 7 de cada 100 pacientes hospitalizados contraen al menos una infección asociada a la atención sanitaria durante su estancia; en países de ingresos bajos y medianos, la cifra asciende a 15 de cada 100
En edificios corporativos, comerciales y el hogar, el problema no es únicamente la calidad del ambiente, sino la fragilidad operativa de espacios que todavía no responden con precisión a las condiciones reales de uso.
Cuando ese control falla, las consecuencias dejan de ser invisibles. La OMS, destaca que, en 2021, la contaminación del aire doméstico causó 2.9 millones de muertes, de las cuales más de 309 mil correspondían a menores de cinco años.
“En ese sentido, nuestra misión es crear aire más saludable y adecuado a cada espacio mientras se reduce el impacto ambiental. Entendemos que el reto ya no es simplemente climatizar, sino responder con mayor precisión a las necesidades reales de las personas. Eso implica pensar en un aire interior que combine salud, desempeño y sostenibilidad, y apoyarse en herramientas como sensores para visualizar mejor la calidad del aire y optimizar variables como la ventilación y la purificación”, señaló Hugo Goñi, Marketing & Corporate Communications Senior Manager de Daikin Latin America.
Asismismo, añadió que: “Durante mucho tiempo, el aire interior fue tratado como una mera condición ambiental, pero esa era ha terminado. En México, donde el 99% de la población respira un aire que excede los límites de calidad de la OMS, poniendo en riesgo su salud de manera sistémica, el aire interior ya no puede ser un lujo. Debe consolidarse, con la urgencia que la realidad impone, como una infraestructura crítica fundamental para la salud pública y el bienestar colectivo”.
El reto para la industria HVAC es responder a un problema más complejo: cómo hacer que hospitales, edificios y hogares funcionen mejor a partir de un aire más seguro, más estable y mejor gestionado, sin perder de vista la sostenibilidad. En ese equilibrio entre salud, infraestructura y eficiencia económica es donde empieza a definirse la nueva conversación sobre aire interior.
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