
Punto de Control
Por José Luis Gómez
La especificación técnica de una válvula define el destino de una instalación. Una especificación técnica es una decisión de gestión del riesgo que acompañará a la infraestructura durante décadas. Los tiempos de inactividad no planificados generan pérdidas cercanas a 50 mil millones de dólares al año para los fabricantes industriales. En ese escenario, el costo de una especificación deficiente supera por mucho el valor del propio componente. Cuando, finalmente debe aislar una línea, contener una sobrepresión o detener el flujo de un proceso crítico, ya no existe margen para corregir una mala decisión de ingeniería. De su desempeño depende la seguridad de las personas, la integridad de la infraestructura y la continuidad de toda la operación.
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Esa decisión se toma mucho antes de que una planta entre en operación e inicia durante la etapa de ingeniería. Es ahí donde se define si un componente responde a las condiciones reales de presión, temperatura, corrosión, tipo de fluido, ciclos de operación o exigencias regulatorias de una instalación.
Las válvulas, conexiones y sistemas de conducción de fluidos forman parte de esa arquitectura de protección, pues son elementos que preservan la integridad operacional y el desempeño de activos estratégicos. Cuando la especificación no corresponde a las condiciones reales de operación, las consecuencias trascienden el componente: aumentan la probabilidad de fallas, comprometen el cumplimiento ambiental y reducen la disponibilidad de instalaciones cuya interrupción puede afectar cadenas productivas completas.
Las consecuencias también son económicas, decisiones deficientes de mantenimiento pueden reducir entre 5 y 20% la capacidad productiva de un activo industrial. Si el riesgo quedó incorporado desde la especificación del componente, sus efectos dejan de concentrarse en el mantenimiento y terminan reflejándose en el desempeño integral de la instalación.
Esta reflexión cobra especial relevancia en un momento en que México impulsa nuevos proyectos de infraestructura energética, hidráulica e industrial y, al mismo tiempo, busca fortalecer el contenido nacional. Ambos objetivos son compatibles, pero sólo si parten de un mismo principio: la excelencia técnica.
Vale la pena preguntarnos si la discusión pública está enfocada donde realmente genera valor. ¿Basta con incrementar el porcentaje de contenido nacional en un proyecto, o el verdadero desafío consiste en garantizar que cada componente, sin importar su origen, haya sido seleccionado bajo especificaciones rigurosas, normas reconocidas y criterios objetivos de desempeño? Según EY, la infraestructura resiliente y la gestión del riesgo de los activos son uno de los principales criterios para atraer inversión de largo plazo, particularmente en energía e industria.

En ese sentido, la respuesta importa porque el contenido nacional no se fortalece disminuyendo el nivel de exigencia, sino cuando los fabricantes mexicanos compiten y destacan por su capacidad de ingeniería, por la calidad de sus procesos, por sus certificaciones y por el desempeño comprobado de sus soluciones. Esa misma exigencia debe aplicarse a los proveedores internacionales. Un mercado competitivo requiere que todos participen bajo las mismas reglas técnicas.
Ahí es donde la regulación adquiere un papel estratégico. Las normas, los mecanismos de certificación y los procesos de evaluación son la base para construir un piso parejo. No sólo ofrecen certeza a quienes invierten y desarrollan infraestructura; también evitan que decisiones críticas dependan de criterios discrecionales o exclusivamente económicos. En proyectos donde la seguridad y la confiabilidad son irrenunciables, la especificación técnica debe prevalecer sobre cualquier otra consideración.
La infraestructura que México construya durante los próximos años formará parte de su capacidad productiva durante varias décadas. Cada válvula, conexión o sistema de conducción instalado será parte de ese legado industrial.
Como sector sabemos que una válvula rara vez aparece en la fotografía de inauguración de una obra. Sin embargo, cuando esa infraestructura enfrente su primera contingencia, será uno de los componentes que determine si la operación continúa o se detiene. Por eso la política industrial también se construye desde la ingeniería: en la calidad de cada especificación técnica y en el estándar con el que decidimos desarrollar la infraestructura del país.

José Luis Gómez
José Luis Gómez Góngora es Contador Público por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Cuenta con una trayectoria de más de 47 años en áreas de procura, abastecimiento, costos y presupuestos, vinculadas al desarrollo de cadenas de suministro e infraestructura para sectores estratégicos de la industria. Actualmente es Director General de la Asociación Mexicana de Fabricantes de Válvulas y Conexos, A.C. (AMEXVAL).
