En medio de la crisis hídrica, México enfrenta un desafío estructural invisible pero devastador: el desperdicio masivo de agua en sus propias redes de distribución. De acuerdo con datos oficiales y académicos recopilados entre 2024 y 2026, se estima que en promedio más del 40% del agua potable suministrada en los centros urbanos del país se pierde a causa de fugas en las tuberías antes de llegar a los hogares o industrias. 

Tan sólo en la Ciudad de México, en lo que va del 2026, el Sistema Unificado de Atención Ciudadana (SUAC) Locatel ha acumulado 39 mil 142 solicitudes por fugas de agua, un promedio de 260 reportes diarios, lo que se traduce en una fuga de agua cada cinco minutos y medio. 

Las causas de esta problemática son multifactoriales, pero están fuertemente ligadas al envejecimiento y la falta de monitoreo de la infraestructura. La principal razón del colapso de las líneas de distribución es la obsolescencia de los materiales, ya que gran parte de la red subterránea del país superó su vida útil hace décadas. 


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“Las cifras son alarmantes frente al desabasto severo que padecen millones de habitantes. Históricamente, la respuesta ante esta problemática ha sido puramente reactiva: reparar el daño una vez que el agua brota a la superficie. Sin embargo, este enfoque de mantenimiento correctivo resulta insuficiente y costoso”, señaló Christian Struve, CEO de Fracttal, empresa tecnológica de mantenimiento predictivo apoyado en IoT e Inteligencia Artificial. 

Frente a este escenario, especialistas en mantenimiento industrial coinciden en que una parte importante de la solución no depende únicamente de construir nueva infraestructura, sino de conservar de forma más eficiente la que ya existe.

Durante décadas, la gestión de redes hidráulicas ha operado bajo esquemas correctivos: intervenir una tubería cuando se rompe, reemplazar una bomba cuando falla o atender una fuga únicamente después de que se vuelve visible. Sin embargo, este modelo resulta cada vez más costoso para ciudades que enfrentan estrés hídrico permanente y presupuestos limitados.

En los últimos años, organismos operadores de agua y empresas de servicios públicos en distintas partes del mundo han comenzado a incorporar herramientas de mantenimiento predictivo para anticipar fallas antes de que ocurran. A través del análisis continuo de variables como presión, caudal, vibración, consumo energético y comportamiento histórico de los equipos, es posible identificar patrones anómalos que suelen preceder una fuga, una ruptura o una falla mecánica.

Durante décadas, la gestión de redes hidráulicas ha operado bajo esquemas correctivos: intervenir una tubería cuando se rompe; sin embargo, este modelo resulta cada vez más costoso para ciudades que enfrentan estrés hídrico permanente y presupuestos limitados / ©Fracttal

“La aplicación de estas tecnologías permite priorizar intervenciones en los puntos con mayor riesgo, optimizar recursos de mantenimiento y reducir pérdidas de agua que, en muchos casos, permanecen ocultas durante semanas o incluso meses bajo la superficie”, dice Struve.

La combinación de sensores conectados, plataformas digitales e inteligencia artificial está transformando la gestión de activos hidráulicos. Hoy es posible monitorear en tiempo real el estado operativo de bombas, válvulas, estaciones de rebombeo y segmentos críticos d

e la red, generando alertas tempranas que facilitan la toma de decisiones basada en datos y no únicamente en inspecciones periódicas.

“Si México aplicara estrategias de mantenimiento predictivo en sus redes hidráulicas urbanas, las pérdidas por fugas podrían reducirse en un rango estimado de 20% a 50%, de acuerdo con experiencias internacionales de reducción de agua no contabilizada mediante monitoreo, detección temprana y gestión inteligente de activos. En un país donde se estima que más del 40% del agua potable suministrada en centros urbanos se pierde antes de llegar a hogares e industrias, incluso una reducción conservadora representaría recuperar millones de litros diarios”, expresó Struve.

Más allá de la eficiencia operativa, diversos especialistas consideran que la adopción de estrategias predictivas podría convertirse en uno de los factores más relevantes para mejorar la resiliencia hídrica de las ciudades. Reducir fugas, extender la vida útil de la infraestructura y disminuir los tiempos de respuesta ante incidentes son beneficios que impactan directamente en la disponibilidad del recurso para millones de personas.

“Durante años hemos invertido enormes esfuerzos en reaccionar ante las fugas una vez que aparecen. El siguiente paso consiste en desarrollar la capacidad de anticiparlas. La tecnología ya permite identificar señales tempranas de deterioro y actuar antes de que una falla se convierta en una pérdida masiva de agua”, concluyó el especialista.


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