Las micro, pequeñas y medianas empresas (Mipymes) representan más del 99.8% de los negocios en México y generan más del 70% del empleo, pero su participación en exportaciones y cadenas globales de valor sigue siendo limitada. 

Ante este reto, el Consejo de Empresarios Iberoamericanos (CEIB) propone reforzar el concepto de “tracción” como eje para convertir la capacitación, la digitalización y los programas de apoyo ya existentes en más ventas, más mercados y más empleo de calidad, en vísperas del VII Foro Iberoamericano de la Mipyme, que se celebrará este 27 y 28 de noviembre en Tenerife, Islas Canarias.

La tracción se plantea como el motor que transforma capacidades en resultados concretos para las mipymes. En la agenda del foro se organiza en torno a las tres “T” –Territorio, Talento y Transformación– y se suma como cuarto eje estratégico junto con el comercio, la internacionalización y la integración en cadenas de valor. Para las empresas mexicanas, esto significa salir del perímetro inmediato y anclar su crecimiento en tres palancas: vender más y mejor dentro y fuera del país, cruzar fronteras físicas y digitales, y engancharse a engranajes productivos que multiplican productividad, estándares y aprendizaje.


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“Las mipymes mexicanas ya hicieron buena parte de la tarea en formación y en adopción básica de tecnología. El punto crítico ahora es que toda esa inversión se traduzca en tracción real: más clientes, más mercados y empleos de mejor calidad”, afirmó Narciso Casado, secretario permanente del CEIB.

Desde la perspectiva regional, las Mipymes representan 99.5% del tejido empresarial iberoamericano y cerca del 60% del empleo formal, pero aún explican una fracción menor de las exportaciones y del valor de producción, especialmente en las economías en desarrollo. 

De acuerdo con análisis de organismos multilaterales, el acceso a mercados e internacionalización de las Pymes latinoamericanas presenta una nota media superior a 4 sobre 5 en términos de marcos y agencias de apoyo, pero sólo alrededor del 10% de estas empresas exporta, frente a cerca del 40% en Europa. Esta brecha resume la urgencia de pasar de la preparación a la tracción efectiva.

Un levantamiento reciente de información entre organizaciones empresariales iberoamericanas –que representan a más de 33 millones de empresas— muestra que la ejecución más intensa se concentra en formación y capacitación y en digitalización aplicada, seguidas por comercio exterior e internacionalización. En una escala de 0 a 5, la formación alcanza una valoración promedio de 4.24, la digitalización/adopción de herramientas 3.90, el comercio exterior e internacionalización 3.52, mientras que la simplificación normativa se sitúa en 3.38 y la sostenibilidad/transición ecológica en 3.29. La conclusión es directa: la región ha avanzado con fuerza en preparar a las mipymes y en acercarlas a la digitalización, pero todavía falta transformar ese esfuerzo en resultados exportadores y en una inserción más robusta en cadenas de valor.

Las mipymes mexicanas ya hicieron buena parte de la tarea en formación y en adopción básica de tecnología. El punto crítico ahora es que toda esa inversión se traduzca en tracción real: más clientes, más mercados y empleos de mejor calidad

Las organizaciones empresariales destacan, además, un conjunto de prácticas que ya están funcionando y que son plenamente replicables en México: talleres de capacitación “aprender haciendo” en gestión, preparación para exportar, calidad, marketing digital y cumplimiento; programas de acompañamiento para poner en marcha comercio electrónico, facturación y trámites en línea; ruedas de negocio, ferias sectoriales y nodos binacionales que conectan oferta y demanda; iniciativas de desarrollo de proveedores que vinculan Mipymes con compras públicas y grandes empresas tractoras; y acciones de simplificación regulatoria y transición ecológica con foco operativo en eficiencia, energía, residuos y trazabilidad.

En el caso de México, donde las Mipymes concentran 99.8% de las unidades productivas, alrededor del 68–70% del empleo y cerca del 39% de la producción nacional, el desafío no es sólo crear más empresas, sino ayudar a que las ya existentes crezcan, se digitalicen y ganen tracción hacia mercados externos. Estudios recientes también muestran que menos del 30% de estas empresas ha incorporado de forma sistemática herramientas digitales en sus operaciones, lo que limita su competitividad frente a exigencias de calidad, logística y trazabilidad de las cadenas globales de valor.

“Si no les abrimos camino en cadenas de valor y no reducimos el ‘peaje’ de comerciar, seguimos pidiéndoles que compitan con el freno de mano puesto. De eso trata la tracción: de hacer que las Mipymes mexicanas lleguen más lejos con el esfuerzo que ya están haciendo”, advirtió Casado. 

En este contexto, políticas de tracción bien diseñadas son cruciales para compensar las desventajas de escala de las Mipymes y reducir costos fijos de comerciar –por ejemplo, los asociados a procesos aduaneros y de cumplimiento normativo– que resultan proporcionalmente más altos para las empresas pequeñas. 

Entre las medidas clave se encuentran la vinculación estructurada proveedor-tractor, esquemas de calidad y certificación, mejoras logísticas, convergencia regulatoria y una cooperación regional que permita encadenar mejor a las Mipymes mexicanas con las oportunidades de inversión e integración productiva que se están abriendo en Iberoamérica.


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