
En entrevista con Especificar, Simón Sánchez, codirector de comunicación de Isla Urbana, brinda una visión general de sus 16 años de existencia. Isla Urbana se enfoca en la captación y aprovechamiento del agua de lluvia, tanto a nivel residencial como industrial y escolar, con el objetivo de promover un uso más sustentable del agua
Por Ángel Martínez / Imágenes: cortesía Isla Urbana
A partir de las preguntas ¿cómo puede ser que la mitad del año en la ciudad de México nos pueda faltar el agua y la otra mitad nos la vivamos inundados? y ¿cómo podemos aprovechar el agua de manera sustentable? fue que un grupo de jóvenes académicos relacionados con los temas del agua decidió recuperar una de las actividades más esenciales para el crecimiento de las civilizaciones: la captación de agua de lluvia.
A través de un método sencillo, que se ha ido sofisticando, Isla Urbana ha ido masificando la captación de agua pluvial alrededor de la República. Su primer gran logro fue ser aliado de la alcaldía de Tlalpan para poder implementar su idea en la primera fase del programa “Cosecha de lluvia”, que después se extendería a diversas alcaldías.
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En Arca Continental y Fundación Coca-Cola México han encontrado otros grandes aliados, sobre todo beneficiando a escuelas públicas. Su programa “Escuelas con Agua” ha instalado hasta el momento 130 sistemas de captación de agua de lluvia (SCALL), pero se tiene contemplado llegar a las 600, sobre todo para los estados de Nuevo León, Jalisco y parte del Bajío.
Lo que comenzó siendo un ideal para cinco personas es hoy una fuente de empleo para más de 60 trabajadores. Y como toda empresa en crecimiento, Isla Urbana apunta a otro gran sector, el sector industrial, cuya alta demanda de recurso hídrico implica soluciones prácticas.
Para explicarnos más sobre el desarrollo y crecimiento de esta empresa, platicamos con Simón Sánchez, actual codirector de comunicación.
Especificar (E): ¿Cuándo inicia Isla Urbana y qué ha cambiado en este tiempo para ustedes?
Simón Sánchez (SS): Isla Urbana surge a partir de la captación de agua de lluvia. La captación de agua de lluvia ha existido a lo largo de toda la humanidad, en las diversas culturas. Simplemente fue que, en un inicio, los socios fundadores, Enrique Lomnitz, Renata Fenton, Hiram García, David Vargas, Carmen Hernández y Jennifer White –quien es nuestra directora general en este momento–, cada quien de distintas maneras se dedicó a estudiar la captación de agua de lluvia como una solución y como una alternativa a los problemas de agua que se tenían en la Ciudad de México.
A partir de esa reflexión, y de los estudios que realizaron en sus respectivas licenciaturas y maestrías, empezaron a implementar y a desarrollar un sistema muy sencillo. Esto comenzó como una forma experimental, pero con los años se fue mejorando a través de innovación, experiencia e investigación.
Fue así que se fueron buscando los socios, se fueron aplicando convocatorias; nuestro sistema se fue implementando en lugares donde era muy difícil el acceso al agua, en lugares muy marginados o donde se tienen que pagar pipas de agua.
Poco a poco, conforme fuimos creciendo, conforme fuimos comprobando que los SCALL funcionaban, conforme las personas iban adoptando también estos sistemas y mejorando su calidad de vida, fue creciendo.
Diversos medios de comunicación, como la BBC, comenzaron a ver lo que hacíamos y esto nos fue dando más visibilidad, por lo que Isla Urbana fue generando más interés, ya que realmente daba solución a uno de los problemas más grandes que tenemos.
El equipo fue creciendo hasta ser lo que somos ahora. Comenzó con cinco personas y ahora trabajamos según la demanda, hasta 110.
E: ¿Cómo crees que ha contribuido Isla Urbana al tema del aprovechamiento del agua?
SS: Ha sido un trabajo muy interesante, realizado por muchísimas personas, pero creo que una de las grandes contribuciones que ha realizado Isla Urbana es poder transformar y concientizar sobre la importancia de la captación de agua de lluvia.
A lo largo de todos estos años, nos hemos enfrentado a la desconfianza y a mucha desinformación sobre el uso del agua de lluvia para los hogares o las industrias, o en los comercios. Entonces, una de las contribuciones ha sido transformar esta conciencia, generar información con bases científicas y compartirla en diversos círculos; a través de nuestros medios, a través de coloquios, a través de intercambios con universidades. Información accesible a las personas, que permita cambiar esta concepción.
Ese trabajo ha sido de los más difíciles. Ahora, a lo largo de todos estos años, las personas empiezan a transformar esa visión, empiezan a tener confianza en el agua de lluvia; empiezan a ver que puede ser perfectamente utilizable. Existía, por ejemplo, el mito de la lluvia ácida. Ese mito lo hemos tenido que romper con bases científicas.

Por otro lado, creo que la gran contribución a la que hemos podido llegar es que a través de toda una serie de procesos, hemos generado mecanismos y metodologías para que las personas realmente adopten el sistema. Nosotros consideramos que el éxito no es simplemente poner un SCALL, sino que el éxito de Isla Urbana es que las familias, las industrias, los comercios, las escuelas, adopten este sistema. Porque hubo muchos casos en los que se instaló, pero no lo adoptaron. Entonces, no tiene ningún caso.
No obstante, gracias a las metodologías que hemos desarrollado, de seguimiento y monitoreo, hacemos que las familias adopten los SCALL a través de prácticas de mantenimiento.
E: Mencionaste que dentro de estas vertientes de negocio se encuentra el tema de la industria, ¿cómo fue esta incursión y qué ofrecen?
SS: Es una de las partes más interesantes y atractivas de todo el proceso que hemos llevado en estos 16 años: poder generar e innovar en este tipo de sistemas.
Este proceso ha sido posible gracia a ver cuáles son las necesidades que la sociedad tiene alrededor del agua y cómo podemos beneficiar y reducir el impacto del consumo de agua que tienen. En este desarrollo y reflexión decidimos abrir un área específica para implementar SCALL a nivel industrial.
Éste fue un paso muy importante porque nosotros estábamos acostumbrados a sistemas más pequeños, pero fue un paso en el sentido de la innovación. Hemos desarrollado toda una metodología que se aplica a cada caso específico. Cada industria tienes sus propias necesidades y su propia forma de trabajo. Nosotros nos tenemos que adaptar a cada industria.
Hay procesos que toman mucho tiempo, no es un proceso en el que simplemente alguien quiere un SCALL y a la semana ya lo tiene. Es todo un proceso en el que se tiene que ir a evaluar el lugar en el que se quiere implementar, se tienen que conocer las necesidades de los clientes, y a partir de esto se desarrolla toda una propuesta basada en mediciones, monitoreo y tecnología de muy alto nivel; en este punto hemos desarrollado sistemas que son totalmente automatizados.

Las industrias lo que menos quieren es estar preocupados por temas del agua. Lo que nosotros hemos desarrollado es un sistema automatizado a través de sensores, programación y control, para aprovechar el agua de lluvia en cantidad y calidad suficiente, con poco mantenimiento y operación.
Por ejemplo, con una válvula automática, el sistema desvía las lluvias más sucias hacia el drenaje y las limpias hacia el tanque.
Llevamos alrededor de tres años y hemos instalado 14 sistemas industriales. Dentro de los más importantes, y de los que estamos más orgullosos, ha sido trabajar con Aeroméxico en el AICM. También hemos trabajado en un parque eólico en Nuevo León. Por otro lado, también instalamos un sistema en una planta de mezclas asfálticas, en el sur de la Ciudad de México.
Han sido proyectos de los que estamos muy orgullosos; han sido también todo un reto. Pero gracias a la experiencia y a la innovación que estamos teniendo, hemos logrado implementarlos y están funcionando perfectamente.
E: ¿Qué tanto has visto un cambio en el inversionista respecto a su propuesta de instalación, a los beneficios que van a obtener?
SS: Hemos visto un cambio, creo que se combinan estas dos partes: el retorno de inversión y la parte de la responsabilidad social.
Tenemos un estudio de caso en el que analizamos la inversión económica, y en nuestro estudio nos arrojó que el retorno de inversión es de tres años. Tiene un impacto económico, pero tiene un impacto mucho más allá, que es el impacto socioambiental en su entorno.
Si una industria está cerca de algún lugar residencial, toda el agua que consume es agua que está dejando de fluir hacia su entorno. Esto puede ocasionar que muchos hogares dejen de tener agua. Con la instalación de estos sistemas, hemos visto que, además de disminuir su factura de agua, también tienen un impacto en su entorno; es decir, pueden mejorar su percepción ante la comunidad, porque están dejando que esa agua que antes consumían ahora sea ocupada por ellos.
El cambio que las industrias están teniendo es un cambio de conciencia, y de ver que también en los números impacta positivamente.
E: ¿Qué es lo más caro del proceso?
SS: Comparando con todo lo que se gasta en agua, sobre todo pensando en que la industria en general utiliza muchísima agua, no es nada caro. Hemos trabajado con una editorial y al hacer esa comparación –en la que toda el agua que pagaban, ahora la están dejando de pagar, y que ya después de tres años regresa la inversión– sí tiene un impacto económico.

“La gran contribución a la que hemos podido llegar es que a través de toda una serie de procesos, hemos generado mecanismos y metodologías para que las personas realmente adopten el sistema. Nosotros consideramos que el éxito no es simplemente poner un SCALL, sino que el éxito de Isla Urbana es que las familias, las industrias, los comercios, las escuelas, adopten este sistema”: Simón Sánchez, Codirector de Comunicación en Isla Urbana
En cuanto al gasto que hacen las industrias, depende del sistema que quieran, es decir, la innovación y la tecnología está en un punto muy avanzado. Los costos pueden llegar a ser muy altos en el sentido de que se requiera un sistema completo, pero también se puede adaptar a un presupuesto bajo, que se acomode a las necesidades. Depende de lo que busque la industria, nosotros nos adaptamos.
E: Es interesante saberlo porque seguramente el precio muchas veces hace que el negocio continúe o que se detenga…
SS: Sí, claro. Sobre todo, tiene mucho impacto en las industrias que van a utilizar agua toda su vida. Yo creo que ahí se da un doble impacto, que sí está teniendo resonancia, y es una opción que los industriales están volteando a ver.
E: Además de la oferta industrial, las escuelas son otro gran rubro de acción, ¿tienen el registro de cuántos sistemas han instalado en cada una de sus vertientes de negocio?
SS: Claro. Nosotros hemos desarrollado también toda esta línea, que es una línea aparte de la industrial, y que también es uno de nuestros programas estrella: Escuelas de Lluvia. Escuelas de Lluvia es todo un programa que se ha dedicado a implementar SCALL en las escuelas públicas de todo México.
Hasta el momento, hemos instalado en todo México y casi en todos los estados, alrededor de 1 mil SCALL. Esto tiene un impacto muy importante porque muchas veces, en todas estas escuelas, tenían que cancelar clases porque no tenían agua, lo cual afectaba directamente a toda la comunidad escolar.
En ese sentido, no sólo se quedó en la instalación de los sistemas, sino que hemos desarrollado todo un proceso pedagógico de acompañamiento para dar educación ambiental a los niños y las niñas. Ha tenido muchas repercusiones.
Incluso, preguntándoles a directivos de las escuelas, nos dicen que no es algo que sólo se quede en la escuela, ya que los niños llegan a sus casas y les cuentan a sus papás lo que vieron. Es una manera para promover la conciencia de cómo cuidar el agua y cómo la cosecha de lluvia puede brindar agua limpia y de calidad y abundante a las escuelas y a las casas.
E: ¿Dónde empieza el trabajo de Isla Urbana y dónde termina, sobre todo a que ahora los proyectos son integrales?
SS: Para nosotros es fundamental, como te comentaba, no sólo la instalación, sino todo el proceso de seguimiento. Por ejemplo, en el caso de la industria, estamos por sacar una membresía. Si tú tienes esta membresía, tienes acceso a un mantenimiento inmediato; es decir, si algo te llega a fallar, si algo se tiene que reponer, nosotros vamos a resolver los problemas que puedan llegar a suscitarse.
En algunas escuelas, hemos instalado monitores en los almacenamientos, esto nos da información en tiempo real sobre si realmente se está utilizando el SCALL o se están teniendo problemas. Al poder tener toda esta información, podemos determinar si el error está en el almacenamiento, o en el espacio de captación o en la filtración.
Entonces, dentro de nuestro proceso, está contemplado no sólo la instalación, sino también el seguimiento y la evaluación y monitoreo posterior, para que se logre una correcta apropiación del sistema.
E: A 16 años de haber iniciado su labor, ¿cómo miden el éxito de Isla Urbana?
SS: Yo creo que ha sido un proceso muy bonito y de mucha satisfacción, que se puede ver con datos, pero también con historias concretas.
Por ejemplo, hay historias muy bonitas en las que personas y comunidades que en un inicio se vieron interesadas en instalar en sus casas nuestro sistema, ahora son líderes en la comunidad en temas relacionados con el agua.
Podríamos decir que en este momento, nosotros tenemos cinco líneas de desarrollo: la parte que atiende a las industrias, y que atiende la instalación en sistemas privados, ya sea en casas o en comercios, pero también tenemos toda la línea social, que es donde hemos visto impactos muy bonitos y concretos.
Por ejemplo, uno de nuestros proyectos lo comenzamos hace 15 años. Instalamos varios SCALL en la Sierra Wixárika, trabajando con la comunidad Wixárika. Ahora, el siguiente paso es que esté instalados en todas las casas y espacios comunitarios, queremos lograr una cobertura universal de captación de agua de lluvia en la sierra Wixárika.
Esto es un orgullo para nosotros, porque transforma la vida de las personas, mejora su calidad de vida. Las personas de la Sierra Wixárika tenían en promedio 15 litros de agua disponibles por persona al día, esto es menos de cubeta de agua.
Hemos llevado todo un proceso de seguimiento, en el que hemos visto cómo la misma comunidad está desarrollando los sistemas, implementándolos; pero también están dando cursos de educación ambiental. Todo esto tiene un impacto real y notorio.
Por el otro, contamos con la línea enfocada en las escuelas. Hemos visto cómo niños y niñas crecen con esta semilla del cuidado del agua, y que no sólo se queda con ellos, sino que se refleja en su entorno familiar. Esto es un impacto futuro porque crecen con la disposición y el entendimiento de cómo funciona un SCALL para poder implementarlo en otro sitio.
Finalmente, está la parte de concientización que hemos llevado a cabo. Sensibilizar respecto a que el agua de lluvia sí se puede utilizar en cualquier parte de manera segura. Este cambio en la noción de las personas también es un cambio importante, que impacta en la sociedad de México y en el mundo.
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