Los huertos escolares pueden ser mucho más que áreas para cultivar alimentos. Con la instalación de sistemas de captación de agua de lluvia, la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) busca convertirlos en aulas vivas, donde el alumnado aprenda, a través aprendizajes prácticos, a enfrentar desafíos como la crisis hídrica y el cambio climático.

Con ese propósito, la UAM lleva a cabo un proyecto junto con el Colegio Nacional de Educación Profesional Técnica (CONALEP) en 10 planteles de la Ciudad de México.

La presentación de la tecnología de aprovechamiento pluvial se llevó a cabo en el CONALEP Plantel Iztapalapa V, con la participación del doctor Mario de Leo Winkler, director de Comunicación del Conocimiento de la UAM; la maestra Christian Penélope Peña Guerrero, titular de la Unidad de Estudios e Intercambio Académico del CONALEP, y el maestro Antonio Álvarez Baeza, director de la sede.


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También asistieron el maestro Emilio Becerril Laversin, director de Gestión de Isla Urbana; las doctoras Abigail Martínez Mendoza, por parte de los Comités Asesores de la UAM, y Delia Patricia Couturier Bañuelos, miembro de la Red IFESS UAM (Red Institucional para el Fortalecimiento de la Economía Social y Solidaria).

Mario de Leo informó que el programa beneficiará de manera directa a alrededor de 4 mil 200 personas y, de forma indirecta, a más de 8 mil durante 18 meses. Para el director, estas acciones acercan el conocimiento a la vida cotidiana y permiten integrar distintas disciplinas en un mismo entorno. 

“Un huerto es un laboratorio vivo”, afirmó, al explicar que en estos sitios las y los estudiantes aprenden ciencia mientras producen alimentos, aprovechan la recolección y protegen el ambiente. 

El programa beneficiará de manera directa a alrededor de 4 mil 200 personas y, de forma indirecta, a más de 8 mil durante 18 meses / ©Michell Rivera Arce 

El académico sostuvo que la sustentabilidad se construye tanto en las aulas como en la práctica. Por ello, la propuesta impulsa el aprendizaje interdisciplinario mediante el cultivo de alimentos, el compostaje y el trabajo colectivo, actividades que fortalecen la conciencia ambiental entre las juventudes. 

La maestra Rebeca Aguilera Trejo, asesora de la iniciativa en la escuela, destacó que la infraestructura permitirá un uso responsable del recurso hídrico para mantener la parcela escolar sin depender por completo de la red de abastecimiento, una ventaja importante en una zona donde el suministro suele ser limitado.

Para la docente, esta práctica escolar fomenta en los asistentes una mayor responsabilidad en torno al cuidado del agua, al involucrarlo en tareas como el mantenimiento de filtros y la conservación de la instalación.

La producción del espacio de cultivo también beneficia a quienes colaboran en su conservación y a habitantes de la zona, quienes reciben parte de las cosechas en las jornadas de apoyo organizadas por la comunidad. 

Naomi Montserrat Vázquez Melchor, estudiante de Informática e integrante del trabajo, recordó que hace tres años el sitio era un terreno seco y que las primeras generaciones cargaban cubetas con agua para mantener vivas las plantas.

Hoy, gracias al esfuerzo de los colaboradores del centro educativo y la Casa abierta al tiempo, el sitio cuenta con mejores condiciones para esta labor. Para Naomi, participar confirma que “con paciencia y trabajo en equipo, hasta el suelo más seco puede dar vida”. 

Fuente: UAM

 


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